Reflexiones desde la diáspora

Quisiera poder ser más vocal sobre lo que está ocurriendo en Puerto Rico, pero la ansiedad y la tristeza es tanta que me tienen inerte. No obstante, comparto mi reflexión desalentada…

No sé cuánto más falte para que el país estalle. Cuando pienso que ya no aguantamos ni una paliza más, nos retan con azotadas que queman, que arden y que mutilan.

¡Cómo le duele al país, cómo le duele a la diáspora ansiosa y deseosa por regresar!

En mis seis años fuera de Puerto Rico, he conocido a una gran cantidad de puertorriqueñxs que expresan el querer volver en algún momento. De hecho, con todo y la crisis, hay quienes hemos tratado de hacerlo sin tener suerte ya que las condiciones del país no nos lo han permitido.

No se crea; a la diáspora que no tiene intenciones de regresar también le duele. Por más “gringxs” que se crean viviendo en la estadidad, sé que en el fondo (y aunque lo nieguen) les pesa leer las noticias o entrar a las redes sociales y ver a sus familiares y amistades sufriendo. Al fin y al cabo, todxs sufrimos por más distantes que estemos emocional y físicamente.

Coincidentemente, justo cuando me sacaba estas palabras del pecho, me entró un mensaje de un conocido con el que no había hablado en hace más de diez años. Me dijo que me seguía y que se alegraba de la vida que llevaba; una llena de viajes y aventuras. Solté una carcajada sarcástica. “Si supiera”, pensé.

Desde el lente estrecho que facilita las redes sociales, es fácil creer que uno está “en las papas” porque se está ganando un sueldo “más” alto o porque está en un trabajo “mejor” posicionado de lo que estaría en Puerto Rico. No toman en cuenta los cumpleaños de seres queridos o los compartir en familia que perdemos; instantes que permanecerán llenos de rencor cuando quienes amamos ya no estén. También, descartan lo desagradable que es estar en una tierra que no es de uno; que por más bien que hables el idioma o más blanquitx que seas, siempre serás extranjerx. Así te mirarán, así te sentirás.

Para muchxs como yo, el estar fuera de nuestro país es un sacrificio forzado; no porque queremos sino por sobrevivencia. Sacrificios que lxs “líderes” en el país están ajenxs pues han sido ellxs quienes han vendido y se han lucrado de la tierrita que nos queda.

Es aquí que me inundo de preguntas. Yo prometí volver a casa, pero temo que mi “hogar” será un lugar desconocido tanto para los que regresamos como para los que nunca se fueron. ¿Cuál será la isla que les presentaré a mis hijos e hijas? ¿Qué le restará a Puerto Rico luego de que terminen de explotarla?

“Quedarán caras sollozas, corazones resignados y mentes drenadas. Quedarán los recuerdos, la nostalgia, y las ilusiones.”

Me contesto yo misma, esperando estar errada.

Mi lucha viaja de lejos pero llega. Yo no me quito; ni aquí, ni allá. Pero carajo, todo esto me indigna y me llena de coraje.

Es en momentos como estos que busco distanciarme emocionalmente; al final, es la única forma de seguir sobreviviendo.

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